I. Las mayores burbujas de la historia

1. La fiebre de los tulipanes


Durante el siglo XVII Holanda llegó a convertirse en una potencia, debido a que liberó sus fronteras económicas, redujo aranceles, permitió la entrada de distintas personas que quisieran trabajar y pensar con libertad. Un modelo económico avanzado del resto de Europa.
El botánico Charles l'Ècluse se encargó de cultivar tulipanes, que habían sido enviados desde Turquía por el emperador Fernando I de Habsburgo.
Los tulipanes comenzaron a comercializarse como unan flor común y corriente, sin embargo por su belleza todos los emperadores y aristócratas de la época comenzaron a adquirirla, debido a ello paso de ser una simple flor a un símbolo de poder, por su poca producción la flor escaseaba y tenía precios elevados. En esta época es donde nacen dos instrumentos financieros que se utilizan hoy en día, los contratos futuros y las opciones de compra, de la siguiente manera: para poder comercializar los tulipanes era muy difícil, por su corto tiempo de vida, entonces se comienza a comercializar sus bulbos (forma de reproducción más fácil que por semilla) el encargado de reproducir los tulipanes y sus bulbos vende a una persona el bulbo, pero no hace efectiva la venta en ese instante, firman un contrato en el cual el comprador se compromete a pagar el bulbo al final para cuando el productor se lo entregue, 1 año aproximadamente, dejando únicamente u porcentaje en garantía de que se realizara la compra, sin embargo este segundo vendedor vuelve a vender el mismo bulbo pero a precios mucho más elevados, y todo forma una gran cadena, donde lo que se venden son contratos sobre los bulbos de tulipanes. La gente enloqueció y llego comprometer muchísimo dinero y propiedades por los tulipanes. Cuando finalmente la primavera llegó y los tulipanes florecieron resultó que los compradores no quisieron pagar las cifras estratosféricas que los tulipanes llegaron a "costar", quienes tenían el poder adquisitivo no estuvieron dispuestos a pagar esas cantidades absurdas des dinero por un tulipán. La burbuja llegó a tal punto que el gobierno tuvo que intervenir, dando la opción de únicamente pagar el 10% a los tenedores de los contratos como una multa por no hacer efectiva el total de la compra (contratos de opciones). Todo esto sucedió por especular el precio de los tulipanes sinsentido consensuar si el comprador final estaría dispuesto a pagar tal cantidad por el tulipán. No se sabe con exactitud los efectos que se tuvieron en la economía holandesa.

2. La burbuja de los mares del sur.

Durante el final del siglo XVII e inicios del XVIII, Inglaterra esta en guerra con España y gastó muchísimo dinero para financiarla, dinero que había sido tomado de la deuda pública a través de los bonos del tesoro, es decir los ingleses habían adquirido bonos de cierto valor con el fin de recuperar el dinero al final de cierto periodo y con un margen de utilidad. Al llegar ese fin, cuando el gobierno inglés debía pagar a sus acreedores y simplemente no tenía dinero, porque lo habían mal utilizado en la guerra, el gobierno inglés tuvo la brillante idea de ofrecerle a los acreedores acciones de la compañía de los mares del sur, la cual describían como la única que tenía permiso para comercializar desde América del Sur hacia Inglaterra, todos sus clientes accedieron sin investigar la realidad de dicha compañía, la cual no tenía autorizado más que un viaje por año y claramente tampoco tendría la capacidad de cumplir con sus obligaciones. Fue así como Inglaterra se deshizo del 84% de su deuda, pero el cuenteo no termina allí. Todos los que compraron acciones no esperaron más tiempo y comenzaron a especular con el precio de las mismas y se creó todo un mercado de valores informal, la gente se endeudó en tal de comprar las acciones que llegaron a valer el 3000% de su precio original. Cuando el precio de las acciones se desplomó muchos perdieron cuanto habían invertido, no se saben a ciencia exacta los efectos de esta burbuja.

3. La bolsa o la vida - El crac de 1929


En Estados unidos como en cualquier burbuja, antes de ella siempre hay una época de euforia. En Estados unidos fueron los años 20 (1920 - 1929). Antes de 1928 la economía estadounidense creció desmesuradamente las acciones de las empresas aumentaron de acuerdo con sus beneficios. A partir de 1928 la bolsa subió a niveles que no tuvieron nada que ver con los beneficios de las empresas. En 1929 existieron dos mecanismos para prestar dinero: La compra de títulos a plazos con fianza y los truts. Las empresas de truts sacan las acciones con techo y las acciones sin techo.
El 3 septiembre de 1929 la bolsa de Nueva York alcanzo su nivel máximo, la bolsa de Nueva York se desplomo en tres días clave:
Fue la más devastadora caída del mercado de valores en la historia de la Bolsa en Estados Unidos, tomando en consideración el alcance global y la larga duración de sus secuelas y que dio lugar a la Crisis de 1929 también conocida como La Gran Depresión. Se suelen usar las siguientes tres frases para describir este colapso de las acciones: Jueves Negro, Lunes Negro y Martes Negro. Todas ellas son apropiadas, dado que el crac no fue un hecho de un solo día. La caída inicial ocurrió el Jueves Negro (24 de octubre de 1929), pero fue el catastrófico deterioro del Lunes Negro y el Martes Negro (28 y 29 de octubre de 1929) el que precipitó la expansión del pánico y el comienzo de consecuencias sin precedentes y de largo plazo para los Estados Unidos.
El colapso continuó durante un mes. Los economistas e historiadores no están de acuerdo en qué rol desempeñó el crac en los eventos económicos, sociales y políticos posteriores. En Norteamérica, el crac coincidió con el comienzo de la Gran Depresión, un periodo de declive económico en las naciones industrializadas, y llevó al establecimiento de reformas financieras y nuevas regulaciones que se convirtieron en un punto de referencia. La crisis del 29 ha sido, probablemente, la mayor crisis económica a la que se ha enfrentado el intervencionismo como sistema y que fue motivado por la manipulación de la oferta monetaria, por parte de la reserva federal luego de ser privatizada por el presidente Woodrow Wilson en 1913/14 y comenzar a apartarse del patrón oro.
En el momento del crack, la ciudad de Nueva York había crecido hasta convertirse en la mayor metrópolis y en su distrito de Wall Street eran muchos los que creyeron que el mercado podía sostener niveles altos de precio. Poco antes, Irving Fisher había proclamado: "Los precios de las acciones han alcanzado lo que parece ser una meseta alta permanente."1 La euforia y las ganancias financieras de la gran tendencia de mercado fueron hechas pedazos el Jueves Negro, cuando el valor de las acciones en la Bolsa de Nueva York se colapsó. Los precios de las acciones cayeron ese día y continuaron cayendo a una tasa sin precedentes por un mes entero. 100.000 trabajadores estadounidenses perdieron su empleo en un periodo de 3 días.
En los días previos al Jueves Negro, el mercado estaba severamente inestable ya que no se supieron manejar acorde los negocios así que la bolsa cayó debido a la inexperiencia de algunos. Periodos de venta y altos volúmenes de negociación eran intercalados con breves periodos de aumento de precios y recuperación.
Después del crac, el Promedio Industrial Dow Jones (DJIA) se recuperó a inicios de 1930, solo para retroceder nuevamente, alcanzando un punto bajo de las grandes tendencias de mercado en 1932. El Dow Jones, que el 8 de julio de 1932 estuvo en su nivel más bajo desde 1800, no retornó a niveles previos a 1929 sino hasta 1954.
Las consecuencias fueron devastadoras para el sistema financiero internacional.
España, gracias a que las operaciones fuera de balance no están permitidas, apenas entraron en esta burbuja. Sin embargo, hemos tenido nuestra propia pequeña subprime. No hemos necesitado invertir en el inmobiliario estadounidense porque el nuestro era todavía más rentable. El problema con las subprime fue que no se sabía que bancos estaba contaminados y cuáles no. Lo que provoco una desconfianza total entre ellos. Los bancos decidieron interrumpir los préstamos que se hacían entre ellos. Los problemas de solvencia y liquidez de los bancos hicieron que los bancos centrales dotaran de fondos a aquéllos con tal de restaurar la confianza en el sistema financiero y aminorar la estrangulación del crédito. Los efectos en los mercados de valores también se dejaron sentir, de octubre de 2007 a marzo de 2009 ha perdido un 54% de su valor.
La crisis financiera se propagó por todo el mundo, iniciándose una recesión de carácter global.
Algunas lecciones de esta burbuja.
Cuando la burbuja se ha hecho demasiado grande y no se quiere asumir su pérdida, lo habitual es refinanciarla.
Durante las épocas de euforia hay una tendencia a no informarse de los activos en los que se invierte.
Una vez más la garantía del dinero prestado para la inversión es el propio bien con el que se especula.

4. El eclipse del Sol Naciente - Japón, años noventa

Tras el derrumbe bursátil de 1987, y al objeto de estimular la demanda interna y reducir, así, los efectos sobre su economía de la caída del dólar, Japón llevó a cabo una política monetaria laxa que mantuvo los tipos de interés en mínimos históricos. Las facilidades para el endeudamiento derivadas de la abundancia de liquidez hicieron crecer el precio de los activos y, poco a poco, se fue formando una burbuja inmobiliaria y bursátil de un tamaño colosal, que, finalmente, explotaría en enero de 1990, en medio de una marea de escándalos que puso de manifiesto ciertas fallas estructurales del sistema de relaciones que sustentaba a la sociedad y la economía japonesa. El crédito barato y las burbujas inmobiliarias suelen darse la mano con cierta facilidad, y en el caso de Japón con mayor motivo. Por diversas razones sociales, la propiedad inmobiliaria ha sido en Japón, tradicionalmente, un activo escaso. Y como tal, su precio ha mostrado una fuerte tendencia a subir. A título de ejemplo, entre 1956 y 1986, el precio de la tierra subió un 5.000 por ciento. Sobre esta base, los Bancos nipones concedían créditos con la garantía de la propiedad. Mientras los precios de los bienes inmuebles no cayeran, esta práctica no entrañaba riesgo. Pero creaba un bucle, en el sentido de que el crédito aumentaba el precio de los activos que se usaban como garantía, lo que generaba más crédito, y vuelta a empezar. No solo fueron las familias las que habían sido arrastradas en este bucle. También lo fueron, y con mayor relevancia, las empresas. A los bajos tipos de interés vigentes, las firmas se veían incentivadas a pedir dinero prestado con el que realizaban inversiones en propiedades inmobiliarias que subían de precio y eran usadas como garantía de nuevos préstamos, que, a su vez, hacían subir el precio de las propiedades inmobiliarias. Asimismo, al aumentar el precio de los bienes inmobiliarios que las empresas poseían, también crecía el valor patrimonial de las mismas, lo que les hacía subir en Bolsa. De hecho, los analistas bursátiles se afanaban en buscar los llamados activos ocultos fundamentalmente, tierra y acciones, porque el frenesí especulativo había convertido a esos activos en una de las claves de la revalorización bursátil de las sociedades. La capitalización bursátil pasó así a depender del valor del patrimonio de las sociedades, quedando desplazado el valor de la actividad industrial. Además, cuanto más subieran las acciones mayor holgura tenían los bancos japoneses para conceder crédito. Esto se debía a una concesión hecha al sistema bancario japonés en los Acuerdos de Basilea. Dado el peso que las participaciones industriales tenían en el balance de los Bancos nipones, se les permitió que contabilizaran como capital las acciones poseídas en otras sociedades y, así, la capacidad de prestar quedaba ligada a los vaivenes del Nikkei. El círculo parecía no acabar nunca: el crédito daba financiación a las empresas para que compraran inmuebles que no cesaban de aumentar de valor, lo que, además de permitir solicitar nuevos préstamos, contribuía a aumentar la capitalización bursátil de las empresas y, de este modo, facilitaba que los Bancos pudieran conceder más préstamos. Un dato sirve para mostrar la desproporción de lo que estaba ocurriendo: en 1990, las propiedades inmobiliarias japonesas valían cinco veces más que las estadounidenses (Trías de Bes 2009). La actividad productiva habitual de las empresas niponas se vio relegada no solo por el trajín de transacciones inmobiliarias. También contribuyó a dejarlas en un segundo plano el zaitech, es decir, la ingeniería financiera basada en el uso de derivados. Estos derivados servían a las empresas para apuntalar la expectativa de que las acciones seguirían subiendo. Y de este modo, además de obtener financiación barata y de embolsarse pingües beneficios, el «zaitech» contribuía a echar abundante leña al rally bursátil. Hacia finales de los ochenta, un gran número de empresas tales como Matsushita Electric, Nissan o Sony obtenían más de la mitad de sus beneficios mediante este tipo de práctica especulativa. En 1989, el Nikkei subió un 27 por ciento, y durante toda la década, un 500 por ciento. Pero, a finales de año, la cúpula del Banco Central de Japón fue renovada. El nuevo gobernador llegaba al cargo con la intención declarada de pinchar la burbuja. Para ello, puso en marcha una política monetaria restrictiva que se materializó en subidas sucesivas de los tipos de interés. De este modo, la ceremonia del derrumbe se ponía en marcha. Aunque el Ministerio de Finanzas trató de frenar la caída, y aun cuando el Nikkei no se hundió de la noche a la mañana, se contrajo un 50 por ciento a lo largo de 1990. En cuanto al precio de los bienes inmobiliarios, la caída en el centro de Tokio había llegado al 60 por ciento hacia finales de 1992. Pérdidas de tal dimensión, y por las mismas razones que habían sustentado la burbuja, colapsaron el sistema bancario, de modo que el crédito se congeló y Japón se adentró en lo que se conoce como la «década pérdida». Y mientras todo se desmoronaba, algunos de los tejemanejes urdidos durante la burbuja salieron a la luz, con las consiguientes consecuencias penales y, muy al estilo japonés, algún suicidio.

5. La exportación de hipotecas. La crisis subprime (2006-?)

Esto sucedió en EEUU durante la formación de la burbuja de la vivienda. Estas hipotecas eran concedidas a personas que no cumplían los requisitos que anteriormente se exigían. Los bancos utilizaron una política de alto riesgo a un interés muy bajo. Los plazos de la devolución se hicieron muy largos para hacerlas más asequibles. El precio aumento hasta alcanzar en 2006 una cifra equivalente la mitad del PIB español. Todos aspiraban a financiar la hipoteca basándose en la revalorización de la vivienda. Cuando la cuota de los primeros meses, que era baja, expiró, la nueva cuota era superior a los ingresos mensuales de sus clientes. Los bancos emitieron nuevos créditos hasta que los clientes tuvieran una subida de sueldos. El cliente estaba entusiasmado. Basándose en la revalorización de la vivienda, se concedían créditos adicionales cuyo destino
era complementar la cuota mensual para quien no tubo suficiente. Se financiaron con nuevos cr
éditos los intereses que el cliente ya no podía asumir.
La demanda comenz
ó a subir. El endeudamiento se disparó por la compra a base de generosas hipotecas. Comenzaron a endeudarse los especuladores.

Como exportar hipotecas. Lo que conocemos como las
hipotecas subprime. Es decir se recibe el crédito de los clientes y se vende, a través de un banco de inversión a uno europeo. Las entidades europeas no hicieron demasiadas preguntas porque había mucho dinero y la percepción del riesgo era baja. La gente lo compró y los bancos lo vendieron sin pararse a averiguar qué era lo que estaban comprando, que realmente eran un montón de hipotecas de gente. Los intereses que cobraban los compradores de esos paquetes, provenían de los intereses pagados por toda la gente inicialmente hipotecada. En ocasiones no podían soportar las cuotas mensuales de la
hipoteca, y ten
ían que ampliar el crédito, que volvía a empaquetarse y a
venderse al resto del mundo. Una hipoteca se convierte en un fondo de inversi
ón. Es por ello que instituciones financieras e inversores de todo el mundo invirtieron indirectamente y sin saberlo en el mercado inmobiliario americano. La avaricia de los compradores de los paquetes llegó hasta el punto de pedir créditos, ya que estaban a un interés más bajo (4%), para así invertirlos en estos maravillosos paquetes que estaban al 7%. Otra forma de captar dinero era mediante emisiones de deuda por parte de importantes bancos de inversión. Estos compraban fondos Subprime y luego emitían obligaciones a dos o tres puntos menos que los que daban estos fondos, así sin poner apenas nada de dinero ganaban el diferencial. Las empresas de auditoría no se dieron cuenta porque estas operaciones bancarias de compra de titulización de deuda hipotecaria se podían hacer fuera de balance, con lo que los riesgos quedaban ocultos. Además las agencias de rating clasificaron las hipotecas refinanciadas con su clasificación de máxima garantía y solvencia. Todavía se investiga por qué. En cualquier caso, esta continua transferencia de hipotecas desde los bancos norteamericanos hacia los inversores multiplicó su capacidad de concesión de préstamos. Las casas cada vez valían más, con lo que concedían más créditos para que pudieran pagar los intereses y caprichos. Préstamos al consumo. La gente que tenía una casa pagada se sentía rica, pues entendía que su patrimonio aumentaba (se conoce como aumento de sensación de riqueza). Estamos hablando de una revalorización de un activo cuyo propietario necesita para vivir. Si el piso donde uno vive sube de valor, pero necesita vivir en él, esta revalorización no le reporta un ingreso inmediato. Pero los bancos no lo veían así, y prestaron dinero para consumir, con la garantía de las revalorizadas viviendas. En 2005, muchos hogares americanos gastaban más del 100% de su renta disponible sólo en consumo y pago de intereses. Es decir, se vivía con
m
ás dinero del que se ganaba. Una persona puede vivir a corto plazo gastando más de lo que ingresa, pero esta situación no puede alargarse de manera indefinida en el tiempo.

Estallido de la burbuja: La explosión del inmobiliario se tradujo en un boom de la construcción, lo que provocó que el stock de casas empezara a crecer y los ciclos medios de venta registraron niveles de alerta.
Los problemas empezaron en 2007. Los precios comenzaron a bajar hasta el punto en que las casas vendidas durante la burbuja val
ían menos que las hipotecas. En marzo del 2008 este desfase afectaba a 8.8 millones de casas, en noviembre del mismo año, a 12 millones de viviendas.
Cuando la gente fue a los bancos a pedir m
ás dinero para financiar los intereses que no podían pagar, les dijeron que ya no era posible.
Mucha de esa gente trabajaba en la construcci
ón y se quedó sin empleo. Pero en EEUU la ley es distinta, y si a uno le embargan la casa queda libre de la deuda, por lo que esta decisión la tomaron muchos ellos. ¿Para qué devolver más dinero al banco por una casa que no lo vale?
Cuando esto sucedi
ó los inversores dejaron de recibir el 7% de intereses. Entonces desenvolvieron el paquete con el lacito, y se dieron cuenta de la bomba que había dentro. La primera reacción fue intentar revenderlo, pero como la bomba había estallado, ya nadie quería los paquetes.
La otra soluci
ón era vender la casa y recuperar parte del dinero. Pero como todos los propietarios de paquetes hicieron lo mismo, en poco tiempo llenaron los jardines con carteles de se vende, los precios se derrumbaron y más tarde ya no había compradores. Las pérdidas en concepto de paquetes con lacito ascendían en julio de 2008 a un total de 435000 millones de dólares. No se sabe la cuantía real de créditos irrecuperables.

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