Síndrome del necio
Se trata
de un conjunto de 10 síntomas que caracterizan a las personas sensatas que
incurren en riesgos desmedidos las características de este síndrome deberían
servir como prevención al mayor número posible de personas para que se
abstengan de meterse en una burbuja; para que la gente pueda diagnosticar mediante
unos simples parámetros y observaciones si el negocio, inversión o venta que le
están ofreciendo contiene los ingredientes de una espiral especulativa o para
estimar cuándo una inversión, como por ejemplo la compra de una vivienda o el
destino de su fondo de pensiones, se realiza a buen precio.
El síndrome del Necio Los
10 síntomas de la enfermedad de la codicia
Cualquier
persona puede contraer el síndrome del Necio. Sin embargo, su propagación
requiere un entorno determinado, propiciado por un conjunto de factores.
El primero
es que se haya vivido en época de prosperidad, es decir que difícilmente una
persona actuará como un necio si no nada en la abundancia. Años de opulencia,
crecimiento, fácil acceso al empleo y beneficios empresariales generalizados
son algunas de las condiciones para que una burbuja alcance dimensiones
exorbitantes.
La segunda
condición es probablemente una de las conclusiones más importantes ya que es el
factor explicativo de los problemas consiguientes, tanto de las burbujas
financieras como de las recesiones económicas, es decir para que se forme una
burbuja tiene que darse una época de política monetaria expansiva lo que
significa que se tenga muy fácil acceso al dinero. Lo cual se da con algo tan
simple como aumentar el número de billetes y monedas en circulación más de la
cuenta, donde hay varias formas de conseguirlo:
Gasto
público: Si el Banco Central acelera el ritmo de la máquina de fabricar
billetes (para invertir o gastar en su país) está inyectando dinero en su
propia economía.
Acceso al
crédito: Hay épocas en que los bancos tienen mucho dinero para prestar (por
ahorro de los ciudadanos o por crédito que los bancos piden a otros bancos de
otro país) Si las personas o empresas están poco endeudadas tendrán la
capacidad de pedir préstamos lo que hará aumentar la cantidad de dinero en
circulación.
No importa
si es por ahorro, crédito, gasto público o creación de moneda. La cuestión es
un entorno de prosperidad y seguridad donde la gente se endeude hasta el cuello
por consumir o invertir que se vuelque una masa de dinero enormemente superior
a la que la economía necesita para expandirse por su propio crecimiento
natural.
¿Por qué el apelativo de
Necio?
“Sólo un
necio confunde el valor con precio”
Cuando alguien pierde sus ahorros o queda atrapado en el pinchazo de una
burbuja se siente necio. Se da cuenta
que pudo haberse informado mejor para evitar su ruina. Todos en algún momento
han sido necios, esta enfermedad es consustancial al ser humano y lo difícil no
es contraerla sino mantenerse alejada de ella, esto debido a que hay mucha
tentanción en querer ganar dinero, la avaricia o el deseo de acumular son
superior al lado oscur de la fuerza que atrajo hacía si al joven y noche Anakin
Skywalker. Incluso sabiendo que iba a ser engañado, cayó en la trampa del emperador.
Síntoma 1: exceso de confianza
Comienza
con una profunda tranquilidad, piensan que no hay nada que temer que nada puede
ir mal o es muy difícil que así sea. Esto radica en la gran prosperidad que los
rodea. Se hallan envueltos en empleo, crecimiento económico, beneficios
generalizados y liquidez abundante. Esto
da la sensación de que sería muy difícil que todo cambie. Los participantes de
una burbuja son conscientes de que la prosperidad no es eterna, pero incluso a
pocos días de su pinchazo consideran que falta mucho para ello. Cuando una burbuja pincha nunca lo hace poco
a poco. Las burbujas explotan de pronto sin dar tiempo a reaccionar. Esto se
compara a una frase que dice “por más cerca que se este de la muerte una
persona siempre piensa que vivirá un día más”. El exceso de confianza es
peligroso, esta actitud ha provocado que se hundan empresas exitosas, civilizaciones
más esplendorosas o los mayores imperios.
La tranquilidad ilimitada es una falacia porque lo único que no cambia
es que todo cambia y siempre hay que estar alerta. Cuando se trata de nuestros
ahorros e inversiones debemos estar permanentemente alerta porque hay
demasiados lobos acechando aunque no los veamos. Estar alerta ayuda a no
confiarse, no debe confundirse estar alerta es sano y natural con tener miedo,
el miedo también provoca colapsos, bloquea y conduce a la inacción. Estar
alerta significa sopesar riesgos sin dejar pasar ninguno por alto.
Síntoma 2: Engaño consentido o autoengaño
En todas
las burbujas documentadas, la información del vendedor fue más veraz que falsa.
El engaño no suele estar en la información, sino en la actitud y excelente tono
con que se proporciona. El engaño se
produce cuando la información del hoy se acompaña de la predicción del
mañana. En malas inversiones o compras
se han infundido expectativas excesivas al comprador. Engaña quien predice un
futuro que después no se produce? Pues en parte no y en parte sí. En parte no
porque todo el mundo sabe que nadie hasta el momento ha encontrado la bola de
cristal; creerse las predicciones de otro es más culpa de quien las escucha que
de quien las hace. Y en parte sí porque como nadie puede predecir el futuro sin
riesgo a equivocarse, quien así procede está obligado a aclarar la probabilidad
de que sus estimaciones sean erróneas o por lo menos hacer partícipe al otro de
los razonamientos o fundamentos en los que se basa. Lamentablemente, estos
razonamientos o fundamentos no existen. La predicción de revalorizaciones de
activos durante una burbuja especulativa está basada en un argumento tan
irracional que nadie se atreve a aceptarlo y menos todavía a verbalizarlo.
El ser humano
es profundamente gregario. Aislarse del grupo produce inseguridad y miedo. La
gente prefiere llorar acompañada que reír a solas. Quienes se meten y operan en
mercados especulativos, sea para especular o no, creen (o quieren creer) que el
rebaño lo dirige una sabio pastor.
La
rigurosa verdad de las predicciones económicas es que están basadas en
corrientes generalizadas de opinión que no tienen por qué ser acertadas, y que
la mayoría de las veces no lo son. Las predicciones basadas en la opinión de la
mayoría tienen una única ventaja: el conocido fenómeno de la profecía que se
autocumple. Cuando todo el mundo opina que los pisos van a subir, la gente los
compra y eso hace subir los precios. En resumen, que quienes creen los augurios
de aumentos que les llevan a pagar precios absurdos son engañados y se dejan
engañar.
Por tanto,
lo que hoy juzgamos como engaño o manipulación pudo ser el resultado de una
interesada connivencia, deseada visión a corto plazo y ceguera voluntaria,
provocada por el beneficio inmediato. No sólo el comprador, también los
intermediarios y las agencias de evaluación están inmersos en un entorno de
excesiva confianza y prosperidad engañosamente eterna.
La
conclusión es no dejarse llevar por las opiniones más extendidas y menos todavía
por predicciones en exceso positivas. El que mucha gente piense algo no lo hace cierto. No hay que fiarse de los
expertos, gurús y doctos articulistas de la prensa. Desconfíe de la creencia
generalizada. No porque tenga muchos adeptos, sino porque las masas no piensan,
sólo siguen la dirección del rebaño.
Como
recomendación, de todo lo que se diga tome solo los hechos probados como
ciertos y a la hora de hacer extrapolaciones y proyecciones no hay que utilizar
únicamente el presente, sino referencias históricas para construir escenarios.
Las
hipotecas subprime empaquetadas en fondos de inversión venían vendiéndose desde
hace años. No ha sido algo que haya ocurrido de repente. Pero como entonces las
cosas iban bien y no faltaba dinero, los bancos no dedicaban recursos ni tiempo
a evaluar de forma concienzuda la letra pequeña de los productos financieros
que adquirían y encasquetaban a sus clientes.
Para las
personas que contraen el síndrome del Necio sólo existen los términos
rentabilidad o beneficio. El riesgo es parte de la vida, en general. Creer que
no hay riesgo es una insensatez. Lo que varía es el riesgo percibido, pero el
riesgo real nunca desaparece.
Quienes
denuncian públicamente las espirales especulativas sobran, los hacen callar
porque molestan y, sobre todo, porque «no entienden nada». Sus argumentos son
apartados de manera paulatina por los poderes fácticos y las fuerzas
interesadas en alimentar la expansión crediticia. Las burbujas tienen una doble peculiaridad:
duran más de lo previsto y suben más alto de lo esperado, extremos estos que
sirven para calificar de erróneos los diagnósticos de burbuja especulativa
durante su fase ascendente.
El segundo
motivo que minimiza las voces contra las burbujas resulta de las amenazas,
insultos y desdén que reciben sus denunciantes. Llega un momento en que es
mejor callarse y esperar a que el tiempo otorgue la razón. Uno se puede sentir
obligado a advertir a los demás, pero no a convencerlos. Y si por advertir es
calificado de aguafiestas, es mejor callar.
Síntomas 3 y 4: envidia
del beneficio ajeno y gula de dinero.
Ambas van
de la mano para situar a nuestros inversores confiados y crédulos en el
siguiente estadio: desear las ganancias que sus congéneres obtienen o dicen
obtener. Durante las burbujas sobran los narradores de éxitos. A todo el mundo
le encanta explicar sus aciertos, pero trata de esconder sus errores. Si
hubiésemos de medir el saldo de las operaciones bursátiles en función del
número de comentarios y crónicas de la gente, la bolsa sería un lugar donde
sólo se gana dinero.
La envidia
de ver a otros ganar más que nosotros y la gula de no tener bastante con unos
ingresos suficientes conducen a meterse en burbujas. En estos momentos hay
muchos españoles atrapados en inversiones y promociones inmobiliarias que no
reciben visitas de compradores. Eran nuevos promotores surgidos de la nada que
no pertenecían al sector de la construcción. Cayeron en la trampa, atraídos por
los beneficios anteriores de otros noveles inmobiliarios que parecían inteligentes
y que, sencillamente, actuaron cuando la espiral ascendente les era favorable.
Cuando
deseamos algo, nos dejamos la piel por obtenerlo, nos esmeramos, esforzamos y
arriesgamos por ello. El ser humano es en este sentido infatigable. Pero
nuestra capacidad de esfuerzo es tan fabulosa como nuestra capacidad de olvido.
Tendemos a no valorar lo que tenemos: eso pasa con los bienes materiales, con
las relaciones, con los trabajos, con los amigos. Y con el ahorro. En épocas de
euforia monetaria, olvidamos lo difícil que fue apartar el dinero y con una
sombrosa cautela se invierte sin una
adecuada medición de los riesgos.
¿Qué hay detrás de esta sensación de
quedarse atrás? En el fondo, un no querer ser menos que el otro, un miedo al
empobrecimiento que resulta del enriquecimiento ajeno y que, por ende, no es
pobreza sino diferencia. La envidia del beneficio ajeno y la gula son dos de
los más claros síntomas del síndrome del Necio.
Síntoma 5: Lógica irracional
Hay un fenómeno clásico en psicología
llamado disonancia cognitiva. Consiste en que el ser humano tras constatar que
ha cometido un error o puede haberlo cometido, selecciona la información que
minimiza esta posibilidad e incluso lo niega. Sucede algo muy parecido con los
ahorradores que invierten su dinero donde no debían o con las personas que
compran un activo que está demasiado caro. Desarrollarán unos razonamientos que
se encuentran fuera de toda lógica económica.
En realidad, la lógica del especulador
tiene en sus inicios una base racional, pero poco a poco se convierte en
irracional. Y es que todo aumento desbocado de precio ha pasado primero por un
aumento paulatino. Tanto los tulipanes como las acciones de la Compañía de los Mares
del Sur, los inmuebles japoneses, las empresas de Internet, la Bolsa de Nueva
York o los pisos en España y Estados Unidos tuvieron en algún momento un precio
más que accesible.
Recordemos que estamos en un entorno de
dinero abundante y fácil acceso al crédito. La descomunal masa de dinero que se
irriga en una sociedad antes de una burbuja se va a percatar de este pequeño
aumento «inicial y razonable».
Durante las épocas de fuerte expansión
monetaria, el dinero se refugia en activos que hayan experimentado un auge de
precios y donde, sobre todo, haya puestas unas expectativas generalizadas de
ulteriores aumentos.
Podría afirmarse que la burbuja arranca
cuando confluyen en un entorno próspero estos tres factores:
1. Dinero abundante.
2. Objeto de deseo en incipiente
revalorización.
3. Codicia desenfrenada
La lógica racional se transforma en lógica
irracional: el aumento plausible del precio, sumado al adjetivo nuevo o a una
brillante denominación, atrae el dinero abundante de los inversores engañados (o
autoengañados) que nadaban en la opulencia.
Síntoma 6: la confusión de valor con precio
Este epígrafe es uno de los más
importantes del libro, ya que nos deja saber cuándo adquirimos un activo por
encima de un valor dereferencia.
La teoría del valor es una medida objetiva
del valor de las cosas, y decide asimilar precio a valor; por tal motivo se la
conoce como teoría subjetiva del valor al precio. Y como el ahorrador, comprador o inversor (a
diferencia del especulador) no compra con la idea de revender a las 24 horas,
debe utilizar algún criterio para determinar si está pagando un precio
excesivo.
Un buen modo de saberlo es calcular el
rendimiento intrínseco de un bien, es decir, considerar a los activos como una inversión
productiva, y no especulativa. No va a
considerar cuánto puede revalorizarse un bien: le trae sin cuidado que en un
inmediato futuro alguien pague más por él. Eso es para los especuladores. En su
lugar, el rendimiento intrínseco calcula el precio de un bien en función de su
rentabilidad intrínseca, es decir, de los beneficios o rentas que genere por su
propia actividad real. ¿Y cómo se
calcula esa rentabilidad? Muy fácil: dividiendo la renta que produce cada año
entre el precio actual. En el caso de
empresas, la renta corresponde a los beneficios y el precio, a la cotización de
las acciones. La ventaja es que ahora podemos comparar esta rentabilidad con la
de otras alternativas.
Hay sin embargo dos argumentos en contra
de este criterio. El primero es que cuando calculamos la rentabilidad, lo
hacemos según los beneficios del pasado. Pero tal vez en el futuro estos beneficios
caigan. Calcular una rentabilidad futura es especular sobre un futuro que
desconocemos.
Toda inversión o compra tiene un
componente de riesgo, y ningún método va a erradicarlo. Pero es más difícil equivocarse
con una previsión de beneficios (que pueden basarse en hipótesis razonables)
que con unaeventual revalorización (que depende de plantear hipótesis sobre lo
que piensenotras personas, es decir, hipótesis irrazonables). De todos modos,
una solución es realizar un gradiente de estimaciones de beneficios: optimistas
(los beneficios van a mejorar), realistas
(se van a mantener) y pesimistas (los, beneficios van a empeorar, de esta manera, si
los rendimientos son incluso inferiores a la peor de sus previsiones, su precio
habrá sido más alto de lo que correspondía, pero difícilmente habrá pagado un
precio irrecuperable o desorbitado, que es lo que se trata de evitar, El segundo argumento en contra del cálculo
de precios en base al rendimiento intrínseco es que en este mundo es muy
difícil establecer un nivel de precios de los bienes a lo largo del tiempo.
Aquí es donde entran en juego los valores de referencia, que ponen en su
adecuada perspectiva un bien determinado.
La comparativa puede hacerse con la rentabilidad
de la que hemos hablado o bien con un indicador muy parecido, que denominaré
«Período para Estar Reconciliado» con el suegro: PER.= tenemos más que tomar
los beneficios de cada año y contar cuántos han de transcurrir para recuperar
lo que pusimos. Un modo de saber si
compramos caro o barato es entonces comprobar este PER.
Hemos comprobado en el capítulo dedicado
al crac de 1929 la bondad del mecanismo de la palanca a la hora de volcar
cualquier revalorización en un porcentaje pequeño del capital de una empresa.
La bondad se convertía en perversidad cuando los precios bajaban. En
definitiva, que por mucho que el valor subjetivo de un bien sea su precio, si
uno no quiere pagar un precio excesivo o quiere comprobar si está apunto de
meterse en una burbuja, que calcule el Período para Estar Reconciliado con su
suegro (PER) o la rentabilidad del bien que va a adquirir, sopesando distintos
escenarios e informándose de dónde se extraen las cifras de beneficios futuros.
Que luego lo compare con valores históricos u otras alternativas de inversión. Podrá
equivocarse, pero difícilmente se arruinará.
SÍNTOMA 7: no reconocer
que no se sabe
A la hora de invertir es fundamental comprender
qué es lo que se compra. «los cracs llegan a ocurrir porque no se sabe decir
“no lo entiendo”» Durante etapas de prosperidad, afirma Bruner, se conciben
innovaciones financieras que crean «nuevas olas de complejidad», innovaciones
que son difíciles de entender incluso para los especialistas y profesionales. A
pesar de que los gestores no entienden lo que compran, tienen la sensación de
que no pueden quedarse atrás, y acumulan riesgos superiores a lo aceptable.
Pasó con los bulbos de tulipán, pues lo que hacía complejas las operaciones no
eran sólo los contratos de futuros. Además, de cada bulbo saldrían otros, con
lo que resultaba difícil establecer el valor adecuado de un tulipán. No invierte
en negocios que no entienda. Si no comprende el negocio, por muy barata que
esté la acción, no la compra. Reparemos en que, de acuerdo con el método del
PER, es difícil calcular los beneficios futuros de una empresa si no se
entiende en qué consiste su negocio.
Hay algo común a todas las burbujas
especulativas: la convicción de que se trata de un modelo nuevo en el cual se justifican
valoraciones que hubieran parecido disparatadas en el modelo «superado» Muchos profesionales
del sector financiero no entendían los productos financieros derivados de las
hipotecas subprime
SÍNTOMA 8: toma excesiva
de Riesgos
Hasta ahora «sólo» hemos comprado mal o perdido
dinero. Pero si los necios llegan hasta aquí con su síndrome, el próximo paso
será arruinarse. En todas las burbujas que he descrito subyace una progresión geométrica,
pero en cada ocasión se utilizan mecanismos distintos para lograrla. La
progresión geométrica a la que me refiero es la compra apalancada y a crédito.
Podrá ser mediante contratos futuros, canjes, compras a plazo con fianza o
préstamos hipotecarios. No importa el mecanismo porque el número de formas en
que puede articularse una palanca es casi infinito.
El caso es cómo hacer para que la gente
pueda realizar una inversión desembolsando sólo una parte del precio. Es una
manera muy sencilla de que muchas personas asuman con poco dinero un gran
compromiso futuro. Así puede dispararse el precio de un bien sin imputárselo a
nadie, excepto a los últimos que ya no encuentren comprador. El problema es que
quienes invierten con tales operaciones no son conscientes de que si lo que compran no sigue subiendo están comprometiéndose
a una deuda que muchas veces no podrán cubrir con su propio patrimonio, y aquí
es donde se arruinan.
Durante los períodos de bonanza, la seguridad
de la gente es tal que apenas se considera esta posibilidad. Quienes entregaron
su casa por un tulipán lo hacían convencidos de que era imposible que los
tulipanes valiesen menos de lo que pagaron. «Entrego mi casa por un tulipán
porque el tulipán va a valer en poco tiempo más que mi casa». Éste es el único
silogismo que explica un intercambio tan irracional. En el fondo, comprar desembolsando
sólo una parte del precio es como asumir una deuda sin ser consciente. La deuda
no se percibe porque se da por sentado que la parte no desembolsada va a obtenerse íntegramente,
junto con el beneficio, en la venta. Este mecanismo es diabólico por varios
motivos: primero porque permite que muchos especulen con dinero que en realidad
no tienen, atrayendo a un número de personas enorme; en segundo lugar, porque
el efecto palanca, como hemos visto ya, hace subir los precios de forma
exponencial (si se obligara a desembolsar en su totalidad el importe del bien,
la sensación de riesgo asumido sería más acorde con la realidad y el inversor
actuaría con mayor cautela).
SÍNTOMA 9: creencia en la
demanda Infinita
Puede comprobarse que el proceso de una
burbuja se asemeja mucho al de una estructura piramidal. El esquema de pirámide
se basa en que los participantes recluten a más gente para que los nuevos
produzcan beneficios a los participantes originales. El nombre de pirámide se
da porque se requiere que los participantes nuevos sean más numerosos que los
iniciales (los de arriba son pocos y los de abajo son muchos). Se consideran
estafas o timos y se conocen también como esquemas Ponzi. Las pirámides
funcionan mientras existan nuevos participantes.
Se ha establecido una cierta analogía entre
las pirámides y las burbujas, lo que dio lugar a la denominada Greater Fool
Theory («teoría del más loco todavía», que en este ensayo podríamos denominar
«teoría del más necio todavía»). Esta teoría formula que una persona realiza
inversiones cuestionables asumiendo que podrá revendérselas después a alguien
más necio que él a un precio superior. Esta teoría ha evolucionado hasta el
punto de considerar que hay un determinado stock de necios que irán pasando por
caja uno tras otro. Mientras haya necios en la cola, la burbuja continuará;
cuando el stock de necios se agote, explotará. Es muy parecido a la pirámide.
Mientras los que se adhieren a la pirámide van encontrando personas que hacen aportaciones,
el esquema se sostiene.
SÍNTOMA 10: la tardanza en
asumir la pérdida
Esta situación no es tan poco habitual. Se
trata de la errónea contabilización del «coste del error incurrido en el
pasado» a la hora de evaluar decisiones futuras. Fijémonos en que el no asumir
la pérdida incurrida conlleva otra
pérdida superior. Durante la caída de las burbujas hay posibilidades de vender
con pérdidas, de no perderlo todo. Su problema, como el de todos los que lo
pierden todo en la especulación, fue la lentitud en asumir su error. Muchos no son conscientes de esto y piensan
que sabrán salir a tiempo
La propagación del
síndrome - De la especulación financiera
a la recesión económica
El capítulo anterior ha abordado el síndrome
del Necio como un mal exclusivo de quienes participan de la especulación. Sin
embargo, hemos comprobado que las consecuencias de algunas burbujas, tras su
estallido, alcanzan a otras personas, incluso de otros países. Inventemos un mercado
Para construir mi modelo, echaré mano del
flamante premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, quien hace una extraordinaria
analogía de un asunto tan complejo como éste mediante la historia de la
cooperativa de canguros de Washington.
Fijémonos en que, en realidad, nada justifica
una recesión, pues lo que desencadenó esta nueva situación era algo temporal
(la climatología, los estrenos, las fiestas…). Las parejas ignoraban que el
motivo de la ausencia de demanda de canguros era coyuntural. Al no conocer el
origen del problema, se instaló una falta de confianza y unas expectativas negativas. La falta de confianza
ha derivado en una contracción estructural de la demanda. Paul Krugman explica que las crisis de
confianza se solucionan con liquidez (dinero). En este caso, con cupones. En cuanto
la dirección de la cooperativa se dio cuenta de que había un problema en la
retención de cupones por parte de sus miembros, imprimió más y los entregó a todas
las parejas. La sensación de riqueza aumentó y el temor a gastar desapareció.
Poco a poco, apareció en el tablón una petición, que animó a una segunda y que
contagió a una tercera: las parejas se pusieron a gastar sus cupones y se
restableció la normalidad. Es decir, que la inyección de cupones serenó los ánimos
y facilitó que un solo anuncio de canguro cambiase las expectativas de todos
los miembros de la cooperativa. Unas expectativas negativas pueden provocar una
recesión, pero si fuera éste el único problema, con la de dinero que se está vertiendo
en la economía, debería haberse notado ya una mejoría. ¡No se conocen
recesiones largas basadas sólo en expectativas infundadas! Denominaré recesión
de grado cero a la «pequeña recesión» de la cooperativa de canguros de
Washington, pues son las más rápidas de solventar y sus consecuencias sobre la
economía resultan livianas y breves.
Existen 10 familias que son sostenidas por
una cooperativa la cual emite “cupones” a estas familias otorgando a cada una
de ellas la misma cantidad de cupones a cada una, en este caso son 20 a cada
una, teniendo un total de 200 cupones distribuidos equitativamente en las 10
familias de la cooperativa. A continuación de las 10 familias se dividen en 2
grupos, las cuales son las familias jueristas que son las que les gusta salir y
divertirse que en este caso son 7 familias y las 3 restantes son las familias
tranquilas las cuales son reservadas y que no salen de casa.
Las 7 familias que salen deben de influir
en gastos cada vez que salen y estos gastos son realizados con los cupones
entregados a la cooperativa. Todas las burbujas financieras inician cuando las
7 familias jueristas salen de casa a un festival de cine y necesitan que cuiden
a sus hijos, ofrecen 1 cupón por noche a quien cuide a sus hijos, pero como
existe más familias jueristas que tranquilas llega un punto donde las familias
tranquilas al recibir varias llamadas para cuidar niños ofrecen su servicio a 2
cupones por noche hasta el punto de llegar a cotizarse a 5 cupones por noche. Lo
cual acceden a pagar las familiar jueristas para poder salir. Esto
es efecto de “oferta y demanda”.
·
Burbujas Grado 1 (burbuja financiada
con ahorro)
Inyección
de liquidez, en este
caso al finalizar la semana se da una relación de que las familias tranquilas
concentran 198 cupones mientras que las 7 familias jueristas controlan
únicamente 2 cupones. La cooperativa decide “Inyectar Liquidez” para que se
mueva la encomia brindando 20 cupones más a cada familia de lo que se tenía
ahorrado.
·
Burbujas grado 2 (Burbuja financiada
con dinero prestado)
Morosidad,
Ante la necesidad de salir y mover la
economía las familias jueristas al no poder recuperar los cupones debido a que
las familias tranquilas son muy cuidadosas de sus gastos deciden hacer un
préstamo para cubrir el próximo mes, a lo cual prestan 100 cupones por familia
a la cooperativa comprometiéndose a pagar al final del trimestre. Al notar que
no pueden pagar el préstamo porque únicamente tienen 24 cupones debido a que la
“oferta y demanda” provoco que el precio de una noche de canguro (que las
familias tranquilas que son solo 3, cuiden a los niños de las jueristas que son
7) hasta ahora estaban a 10 cupones por noche.
Se puede constatar aquí cuán peligroso es pasar de
financiar la especulación con ahorro a financiarla con créditos.
·
Burbujas de Grado 3
Consiste en financiar una deuda con otra
deuda no importando los recursos, principalmente la fuente emisora de la
primera deuda hace el financiamiento de la nueva deuda. Al finalizar esto y que
los clientes no puedan pagar la deuda de otra deuda.
En otras palabras: si la cooperativa de
Washington fuese un banco comercial y hubiese recibido de cooperativas
internacionales los 700 cupones que prestó, cuando éstas le exigiesen la
devolución y sólo tuviese 24 en su haber, entraría en quiebra.
·
Burbujas de Grado 4
Colapso del sistema financiero al no poder
obtener más dinero para financiar con una nueva deuda una deuda anterior.
Además de esto el dinero se presta a un tercero, es decir la cooperativa para
poder darle cupones a las familias presta a una cooperativa central que a la
larga esta cooperativa central presta el dinero de sus clientes. Ahora el
dinero de los clientes de la cooperativa central ya no está en la economía de
ellos, se encuentra en otra economía en la de las familias tranquilas y
jueristas.
·
Burbuja de grado 5
Contracción aguda de una actividad, al principio todo
parece que es crecimiento pero si la burbuja pincha será aún peor, Más gente en
paro supone ingresos familiares más bajos. Las familias reducirán su gasto
mensual, el consumo, lo que de nuevo repercutirá sobre las empresas, y así
sucesivamente.
Resumen: en este último grado 5 se acumulan los
problemas de todos los anteriores: el ahorro se ha dilapidado los préstamos han
llegado a máximos y los bancos no pueden prestar más, estrangulando el acceso
al crédito; se producen quiebras bancarias y rescates de entidades financieras
que no pueden devolver el dinero prestado por países extranjeros;
·
¿Se financió con créditos? Sí.
·
¿Tanto de bancos centrales como dela banca exterior? Afirmativo.
·
¿Hubo refinanciación de las constructoras y promotoras? También.
·
¿El bien con el que se especuló pertenece a la economía real? Sí,
y además tira de muchos otros sectores y de él proviene el 50% del crecimiento
de los últimos años.
CINCO GRANDES PREGUNTAS
1.
¿Adónde ha ido a parar el dinero de la especulación?
Resumen: al término de una burbuja, los saldos finales
de liquidez se concentran en un porcentaje menor de población. No puede ser de
otro modo, pues si no la burbuja continuaría. Cuando las burbujas y las
pirámides estallan el dinero se ha redistribuido, concentrándose en unos
cuantos.
2.
¿Qué supondrá la crisis mientras no se solvente?
La segunda repercusión es que hay que volver a
trabajar duro. Algunas personas han estado viviendo del acceso fácil al dinero.
Se ha acabado comprar para revender como forma de hacer dinero
La tercera repercusión es que dejaremos de vivir con
dinero prestado Al igual que las parejas juerguistas, les toca ya devolver los
cupones. Para ello, habrán de apartarlos de lo que ganan cada mes con la
nómina, quien todavía la conserve.
El dinero no es la causa de nuestros problemas, sino
la necedad de quienes lo utilizamos. Lo que falta es sensatez, una justa
valoración de los riesgos y una adecuada contención de las ganas de gastar lo
que todavía no tenemos
3.
¿Cuánto durará la crisis?
El indicador de que estamos en la buena senda será que
ya no preguntemos sobre el final de la crisis. Cuando ya nadie hable de la
crisis, empezaremos a salir de la misma. Lógicamente el orden será éste:
primero se superará la crisis financiera; luego, la económica; y, finalmente,
la inmobiliaria y la de construcción, que es la más aguda y que más precisa de
una economía saneada para volver a funcionar. Podemos tomar referentes
históricos como simples puntos de referencia.
La bolsa puede rebotar y la economía seguir yendo mal
bastante tiempo. Tras el crac de 1929, en plena depresión, la bolsa recuperó
más del 40% de la caída en 1930. Luego volvió a desplomarse
Debemos pensar que el dinero público para rescates es
limitado. Si lo malgastamos, cuando se acabe, ya no podremos hacer nada. La
decisión de cómo y a quién se entrega, y a cambio de qué.
4.
¿Dónde están las responsabilidades y qué hemos aprendido?
Cuando todo cae, es imposible confiar en
las personas mas sensatas, es decir, en los administradores y financistas de
mis ahorros, es imposible creer que los dirigentes, controladores y bancos
podrán frenar la especulación ya que si la orquesta toca deben bailar o los
despiden. Nadie protegerá mejor nuestros
ahorros que nuestra prudencia.
5. ¿Quiénes son entonces los responsables de esta tremenda crisis?
Es culpa de todos, lo que es igual a decir
que nadie es culpable, pero eso no es lo que se busca, tanto la burbuja
inmobiliaria como la crisis subprime podían haberse evitado. Las responsabilidades entonces, se reparten
entre los siguientes agentes:
- · Dirigentes
- · Bancos de inversión
- · Bancos centrales
- · Reguladores
- · Tasadores y agencias de calificación
- · Inversores y medios de comunicación
·
Aquello que hicieron o dejaron de hacer debe ser una lección
aprendida.
Bancos
centrales: laxitud crediticia, esta significa que que hubieron
tipos de interés muy bajo durante un tiempo prolongado. El principal problema era que el dinero que
recibia la economía había crecido por encima de lo que aumentaba la producción
real de bienes y servicios durante mucho tiempo. En otras palabras la economía afluye una gran
cantidad de dinero que el incremento real de bienes y servicios no puede
absorber, lo cual produce inflación.
La expansión monetaria ha sido tan alta
que tuvieron que formarse cuatro burbujas sucesivas para absorber este dinero y
redistribuirlo. La burbuja de las
puntocom 2000, la bursátil 2008, la inmobiliaria, la inmobiliara y la de
materias primas.
Se intento subir el tipo de interés pero
fue imposible, los bancos terminaban por prestar demasiado dinero para ganar lo
mismo, lo cual originó una política crediticia desmesurada.
Es curioso ver como la reserva federal
aducía tener la inflación bajo control y en realidad así era, ya que el mercado
inmobiliario no forma parte del calculo de la inflación, es difícil de
entender, dado que entre el 20% y 60% se reflejan los sueldos de las familias
destinados a la vivienda.
La idea no es solo prestarle atencion al nivel general
de precios. debería establecerse un diferencial máximo entre el ritmo de aumento
de la masa monetaria y el del PIB. Sería una medida más que ayudaría a
erradicar estas burbujas globales, duraderas y monstruosas.
Bancos de inversión
los bancos de inversión recibían tanto dinero de los
inversores que buscaban cualquier crédito que empaquetar y revender en forma de
fondo de inversión. Se daba un fenómeno
gravísimo, se creaban paquetitos que permitían créditos, formados de deudas de
personas que tuvieran el dinero o no, servía para otorgar otro crédito.
Los bancos de inversión gozaban de demasiada
permisividad, tanto en los servicios que vendían como en el esquema
remunerativo de sus directivos.
Agencias de rating
Las agencias de rating tampoco hicieron bien su
trabajo, cobraban de distinta forma por cada producto que calificaran y entre
más productos calificaran de manera favorable más acudían a ellos para
solicitar sus servicios por lo que a las agencias de rating también les
convenía calificar de manera favorable.
Las agencias de rating deberían de cobrar no en
función de la cantidad de productos que evalúen, sino a parámetros que evalúen
parámetros vinculados a la calidad de sus trabajo.
Agencias de tasación de inmuebles
el problema mas evidente era que tasaban los inmuebles
a precios que eran dudosamente sostenibles a corto plazo, mientras que los
bancos prestaban el dinero a corto plazo, lo cual era contraproducente para el
país.
Bancos comerciales
Tuvieron gran parte de la culpa de que el sistema
colapsara, dado que al ver que había mucho dinero en el mercado cambiaron sus
criterios y normas con las que se regían y entregaron hipotecas hasta por el
100% del valor del inmuble cuando el límite era 80%, los bancos comerciales
debieron ser fieles a sus criterios de prudencia mas elementales.
Reguladores
los reguladores no formaron parte de nada, es decir,
por presiones políticas o empresariales fueron sometidos y presionados a hacer
las cosas de la manera que no les correspondía, el hecho de que sean
independientes es vital para el sistema financiero de un país.
Dirigentes
Al creer en estos las personas se endeudaron de
sobremanera, manipularon e influenciaron a las personas para que se endeudaran,
las personas creyeron en el gobierno para controlar las burbujas, lo cual no
funcionó.
Los medios de comunicación
Los medios de comunicación se vendieron, pertenecían a
personas que estaban dentro de los negocios de la inflación y siempre mintieron
respecto a lo que estaba sucendiendo, se necesitaban medios independientes que
permitieran informan de manera correcta a los inversores.
Compradores e inversores
Los mas perjudicados, a diferencia de todos los demás,
estos asumen el 100% de la deuda, si viviéramos en armonía, con educación,
valores, formación y normas que vinculen nuestras reponsabilidades con nuestras
acciónes todo sería mas fácil
En cualquier caso, si estas líneas sirven para que una
sola persona no pierda sus ahorros en una burbuja especulativa o, simplemente,
en el futuro no pague un precio abusivo por algo que no lo vale, escribirlas
habrá valido la pena.


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